Y cae el Sol como el plomo, tan pronto que ni has acabado el vino de sobremesa, y lo hace a través de las nubes grises y densas como espuma en un mar embravecido. Y a la mañana siguiente hace tanto frío que se te forma hielo en las barbas al respirar, y está oscuro como medianoche. La niebla te vela el camino y las débiles luces que pretenden iluminar el mismo. La misma niebla se arrastra por las aguas de los canales como fantasmas de antiguos guerreros preparando una emboscada, mosquete al hombro y pendientes de la mecha. El hielo se forma sobre las hojas y las telarañas en las frías mañanas, cuando el Sol digna asomar su orondo perfil otra vez tras el manto blanco.
La próxima vez que escriba, posiblemente lo haga entre las nieves del invierno.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
martes, 5 de noviembre de 2013
El viento
La bicicleta es el principal medio de transporte en los Países Bajos, y diría que incluso en todo el Benelux (el cual por cierto, me llevó años entender que eran las dos primeras letras de Belgique, Nederland y Luxemburgo, pero mi lentitud mental es otra historia que debe ser contada en otra ocasión). A lo que iba, la bicicleta, principal medio de transporte. Barata, ecológica, y de un burro de potencia (el burro un servidor, que pedalea). Me parece una idea maravillosa, ingeniosa y adorable. Siempre he ido en bicicleta a donde fuese menester hasta que me la robasen hace un tiempo. Y aquí la ventaja es que, como la mía es plegable, la puedo meter en el tren ''degrati''.
Eso sí, que no te haga mal tiempo.
Entendería la pasión flamenca por las bicicletas si viviesen en un país soleado y caluroso, quizás algún país mediterráneo o caribeño. Pero no. Tienen uno de los peores inviernos de Europa. Tienen un clima húmedo que oxida cadenas y tuercas por igual. Y lo peor de todo: tienen un viento de cágate lorito.
En Granada el problema del viento no es para tanto. El abrupto relieve, digo yo, frenará el aire lo suficiente como para que no se líe parda. Al menos yo nunca he tenido problemas con el viento al ir en bicicleta por la ciudad. En los países bajos es otra historia. Su total carencia del más mínimo relieve hace que estas tierras dejadas de la mano de Dios sean barridas por tremendos vendavales que hasta arrancan árboles.
Ir en bicicleta es entonces una putada gigantesca. El mismo principio que rige las velas de un balandro avanzando por la marmórea superficie de un mar agitado hace que el viento te frene en plena carrera por el rojizo carril bici. No, no estoy exagerando: con el viento en contra no hacen falta frenos, sencillamente dejar de pedalear. Dependiendo de lo fuerte que sea la racha, puede uno estar parado en menos de cinco metros.
Y eso es si estamos hablando de el viento en contra, que si es de lado ya es harina de otro costal. Me voy a ahorrar la parrafada de experiencias personales y me limitaré a colgar un vídeo que fue grabado el pasado Abril del año Dos Mil Trece de nuestro Señor.
Nótese cómo al andoba la bici le hace mutis por el foro al más puro estilo Volando Libre.
A volar, se ha dicho. Pues eso, que bien podríamos ponerles velas e iban solas.
Aquí, como pueden vuestras mercedes ver, cada día es una aventura.
Eso sí, que no te haga mal tiempo.
Entendería la pasión flamenca por las bicicletas si viviesen en un país soleado y caluroso, quizás algún país mediterráneo o caribeño. Pero no. Tienen uno de los peores inviernos de Europa. Tienen un clima húmedo que oxida cadenas y tuercas por igual. Y lo peor de todo: tienen un viento de cágate lorito.
En Granada el problema del viento no es para tanto. El abrupto relieve, digo yo, frenará el aire lo suficiente como para que no se líe parda. Al menos yo nunca he tenido problemas con el viento al ir en bicicleta por la ciudad. En los países bajos es otra historia. Su total carencia del más mínimo relieve hace que estas tierras dejadas de la mano de Dios sean barridas por tremendos vendavales que hasta arrancan árboles.
Ir en bicicleta es entonces una putada gigantesca. El mismo principio que rige las velas de un balandro avanzando por la marmórea superficie de un mar agitado hace que el viento te frene en plena carrera por el rojizo carril bici. No, no estoy exagerando: con el viento en contra no hacen falta frenos, sencillamente dejar de pedalear. Dependiendo de lo fuerte que sea la racha, puede uno estar parado en menos de cinco metros.
Y eso es si estamos hablando de el viento en contra, que si es de lado ya es harina de otro costal. Me voy a ahorrar la parrafada de experiencias personales y me limitaré a colgar un vídeo que fue grabado el pasado Abril del año Dos Mil Trece de nuestro Señor.
Nótese cómo al andoba la bici le hace mutis por el foro al más puro estilo Volando Libre.
A volar, se ha dicho. Pues eso, que bien podríamos ponerles velas e iban solas.
Aquí, como pueden vuestras mercedes ver, cada día es una aventura.
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