martes, 14 de enero de 2014

Llegadas

Fue hace cosa de un mes, cuando subimos a un avión desde la belga Charleroi, y los funcionarios del aeropuerto homónimo nos hicieron saber su opinión sobre el reparto de peso en el equipaje facturado, opinión que no compartíamos en absoluto, así que una vez más nos hicieron un poco la puñeta, como viene siendo sana costumbre suya.

El último atardecer.

Un mes, como decía, de que regresamos a las Españas, enfrentándonos a unas felizmente cebadas Navidades, repletas de comilonas, tapeos y copitas, aunque esta vez moderadamente. Aunque lo que yo echaba verdaderamente de menos eran aspectos de la vida hispana que no podía permitirme en Flandes, como por ejemplo, un atardecer después de las cinco de la tarde. Fueron unas navidades de reencuentros con amigos de siempre a los que no veía desde hacía muchísimo tiempo y tampoco faltó una visita a la costa levantina, y a los rocosos espolones de Cabo Cope.

Que no está muerto lo que yace eternamente...

Pero aquí estoy de nuevo. Esta vez más solo que Laguna, escribiendo con dificultad en un traqueteante autobús que me lleva desde el Aeropuerto a la estación de tren. La frialdad de los locales no ha cambiado ni un ápice, sin embargo algo me sorprendió colgando entre cirros dispersos. Un sol dorado, colgando como un jamón en medio de un cielo azul claro. Extraño, sí. Quizás es éste el celebrado Sol de Utrecht, que por ventura viene a despedirse de mis orejas. Sólo que por esta vez soy yo el que hace mutis por el foro, y no él.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Esto va de mal en peor

Las grandes aglomeraciones de gente son un fastidio, es cierto, pero en este siglo nuestro que es el veintiuno, algo las ha empeorado si cabe aún más. Los smartphones. Odioso término para algo tan tonto.
Estos aparatos han revolucionado la manera en que usamos internet hasta el punto de perder el contacto con el mundo que nos rodea. Tuve uno hace tiempo y puedo dar fe de lo que digo, y lo digo porque los sucesos que relataré, también me pasaron a mí.

Situación número uno

Autobús Universitario de la ciudad de Utrecht, ocho de la mañana. Todo el mundo va a clase y el asunto está petado. TODOS tienen la cabeza inclinada hacia la fulgurante pantalla de su smartphone y juegan a juegos de burbujitas o teclean sin parar en una pantalla táctil a una velocidad vertiginosa. Una vez vi a un chaval leyendo Dune, de Frank Herbert, y tuve que contenerme para ir y darle un abrazo.

Situación número dos

Éstos por lo menos no muerden, de
momento.
Vuestras mereces saben que yo voy de un lado a otro en bici. Siempre. Incluso vuando voy en tren de una ciudad a otra. Lo cual implica pasearse por la estación con mi vehículo rodado a mi vera, sorteando gente sin parar. Algunas veces con mucha prisa. Pueden imaginarse ustedes lo complicado que se ha vuelto el asunto cuando un noventa por ciento de los viajeros van andando sin mirar por dónde andan. Y sí, lo han adivinado, la cabeza gacha y el dedo desfilando por la pantalla blanca.

Situación número tres

Esto es de coña tiene gracia,
pero parece tan real...
La Alhambra de Granada, una de los monumentos más impresionantes de la Tierra. Un regalo para la vista y un trozo de historia que puede uno tocar con sus propias manos. Una ciudad palatina que no me cansaré nunca de visitar. Paseando por los palacios nazaríes me encuentro un señor que sostiene un iPad en alto, y graba un vídeo durante más de una hora (luego lo vi en el Partal de la misma guisa). ¡Ese señor estaba viendo una maravilla a través de una pantalla! ¿Estamos locos?
En los conciertos pasa tres cuartos de lo mismo.

Situación número cuatro

Ayer fui al cine. El primer preestreno al que voy en mi vida. Joder, no sé, se supone algo especial. Y es el cine, leches, que se en teoría la atención debería estar dirigda a la pantalla grande, la de los ruidos que tiene uno delante. Pues no, oye, miles de pantallitas, una en cada butaca, emite su fulgorcito sobre el rostro atontado de alguien.

He aquí el mundo que se nos está empujando a vivir. Se espera de nosotros que estemos todo el día metidos en la red. Hablando a través del Wasapp, compartiendo vídeos y fotografías en Facebook y Tweeter, y si no haces eso, si no pertences a ese colectivo cabalístico, eres un anticuado y un antisocial.
No sé, quizás soy un raro por leer un libro en una sala de espera, o disfrutar de una buena vista en vez de hacerle una foto con el móvil para subirla a alguna red social para que todo el mundo vea lo profundo y aventurero que soy en realidad.


Post data: Y lo irónico de todo esto, es que estas palabras que escribo, las estoy compartiendo en una red social, para que todos veáis lo indignado que puedo llegar a ser. Punto pelota.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Un poco de historia (III)

Ya que he repasado la historia de las ciudades de Utrecht y Maastricht. Ahora la morriña y el deber patrio me obligan a centrarme en mi hogar. La bella ciudad de Granada.

Ilurco.
Fuente: De Arqueología y Patrimonio
En Pinos Puente se encontró un yacimiento de final de la Edad de Bronce, que posteriormente evolucionó hasta ser un poblado denominado Ilurco. También se tiene constancia de un asentamiento argárico en Monachil. Pero el principal indicio de la primera Granada es el oppidum íbero Iturir, que descansaba sobre la colina de San Nicolás, en el margen derecho del río Darro, a mediados del s. VII a.C., que contó con una muralla a partir del siglo VI a.C. A medida que se llegaba al siglo III a.C. pasó a llamarse Iliberri, gobernada por los bastetanos y económicamente dependiente de Cartago. Fueron Amílcar Barca y su yerno Asdrúbal quienes controlaron casi toda la zona del Valle del Guadalquivir durante la Primera Guerra Púnica. Aunque la fiesta se acabó en la Segunda Guerra púnica, cuando los cartagineses recibieron una buena manta palos por parte de los romanos, que entraron a saco en Ilíberis, que pasó a formar parte de la Hispania Ulterior, recibiendo del César el título de Municipium Florentinum Iliberitanum. Plinio el Viejo, ese que murió de asfixia tiempo después cerca de Pompeya, ya hablaba de la existencia del monte Solarius, en la zona fronteriza entre las provincias romanas de Hispania de la Bética y la Tarraconense.  No se sabe qué pasó durante la caída del Imperio Romano en Ilíberis, pero la ciudad contaba con estructura eclesiástica. En tiempos visigóticos, Isidoro de Sevilla hablaba del monte Solorio, ''Monte que brilla antes de la salida del Sol''. Poco después se sabe que la ciudad quedó casi despoblada y carente de relevancia, y así la encontraron los árabes de Tarik y Musa en torno al 711 d.C.

Los árabes establecieron su ciudad, Madinat Ilbira, a los pies de Sierra Elvira. Con la formación de los Reinos de Taifas, la dinastía Zirí tomó posesión de la corona de la ciudad y abandonó Medina Elvira en pos de su nueva ciudad Madinat Garnata, en lo que hoy llamamos el Albaycin, y cuyos muros todavía siguen en pie. Con la llegada de los almorávides se amplió el amurallado de la ciudad, se construyeron varias puertas y el castillo conocido como las Torres Bermejas y los almohades construyeron el Alcázar del Genil y amurallaron los arrabales del este, lo que hoy conocemos como Realejo. Tras la derrota en Navas de Tolosa contra los reyes cristianos del norte, se puso fin a la hegemonía musulmana en la península, pero Granada resistió.
Vista de la ciudad de Granada en el s. XIV
Con la fundación del Reino Nazarí de Granada (que llegó a abarcar lo que hoy son las provincias de Almería, Granada, Ceuta y partes de Málaga y Cádiz), se amurallaron los arrabales del Alabycín y se levantó la ciudad palatina de la Alhambra. El fundador de la dinastía Nazarí fue Muhammad Ibn Yusuf Ibn Nasr, también conocido como Alhamar el Rojo, y fue quien convirtió, tras varias batallas contra Fernando III en el valle del Guadalquivir, el reino en tributario de la corona de Castilla, teniendo que pagar parias para conservar paces de veinte años. A partir de entonces Granada floreció, el pequeño emirato estaba ubicado en un enclave único, fértil y protegido por montañas por todos lados. Incluso la Peste Bubónica o la Pequeña Edad de Hielo apenas se notaron en las faldas de Sierra Nevada. La prosperidad económica y cultural que se vivieron entonces se reflejan en la grandeza de la Alhambra. La integridad del reino se veía amenazada tanto por conflictos políticos internos como por incursiones por parte de los cristianos. El principio del fin le sobrevino a Granada con la unión de los reinos de Castilla y Aragón en 1469.

En Granada se desató entonces una guerra civil intestina entre los partidaros de Muley Hacén y su hermano El Zagal, y los partidarios de Boabdil, hijo de Muley Hacén, quien fue secuestrado por Fernando el Católico, provocando una tregua que inició otro vasallaje al reino cristiano.
Rendición de Granada, más o menos a la altura de la calle
Pedro Antonio. Los Reyes Católicos, a la derecha, Boabdil,
a la izquierda, a punto de llorar a moco tendido
por el tesoro que estaba cediéndoles a los cristianos.
Sin embargo en 1484, los reyes católicos pusieron la ciudad bajo asedio, acampados los cristianos en Santa Fe. Se cuenta que, tras la muerte de Muley Hacén en 1485, fue enterrado en el pico más alto de Sierra Nevada, al parecer a petición suya, para estar lo más lejos posible de las necedades del ser humano.Tras años de intrigas y negociaciones, se firmaron las Capitulaciones de Granada en 1491, y unos meses después, Boabdil entregó las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, y se fue a las Alpujarras, feudo que se le había sido concedido según las capitulaciones. El tema de si se dio la vuelta para mirar y la sultana Aixa hizo un comentario un tanto machista al respecto de la guerra de Granada, se supone que es una leyenda.
Las cosas en Granada no parecían ir mal, al principio se les concedió a los granadinos seguir practicando el Islam, pero con el tiempo las conversiones forzosas y la Inquisición hicieron lo propio, ocasionando violentas revueltas en torno al 1500, hecho que los reyes aprovecharon para anular la validez de las capitulaciones y expulsar a los moriscos, reteniendo a los que quedasen en el gueto de Bib-Rambla.
La ciudad, tal y como la dejaron en 1613.
Los cristianos construyeron también sus maravillas, como el conjunto catedralicio o el Hospital Real. La Alhambra fue respetada como la maravilla que es, con una excepción; se derrumbaron unos pabellones para la construcción del Palacio de Carlos V en 1527. Aún así, existía esa obsesión por extirpar el Islam de la ciudad de Granada, demoliendo mezquitas o transformándolas en inglesias, ensanchando calles y abriendo grandes plazas, de manera que la ciudad entera en obras (esto a algunos les sonará tela marinera).
Entonces vino el declive auténtico de una ciudad esplendorosa; plagas y terremotos empeoraron una situación ya de por sí retrógrada, pues la seda y las técnicas de regadío se fueron con los musulmanes. La horrenda situación económica (guiño guiño) dio lugar a revueltas en 1648. El censo de población en 1715 era de menos de 40000 personas.
Continuará en otra entrega más adelante.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un poco de historia (II)

El Castrum de Mosae Trajectum
Maastricht es la ciudad más antigua de todos los Países Bajos. Se han encontrado restos al oeste de la ciudad que datan del Paleolítico entre ocho y veinticinco mil años de antigüedad. Después de eso lo siguiente que se supo es que los celtas vivieron por allí quinientos años antes de que los romanos llegasen a imponer lo suyo y construyesen un castro amurallado y un puente de madera que fue el nexo más importante entre la ciudad de Colonia y la de francesa Bavay. Dicho puente dio nombre a la ciudad propiamente, Mosae Trajectum, que más tarde se adaptaría al nombre que todos conocemos. Por desgracia, dicho puente colapsó en el año mil doscientos setenta y cinco por culpa de una procesión, matando cuatrocientas almas. Su reemplazo aún hoy día sigue en pie, y fue construido cinco años más tarde un poco más al norte que el antiguo, y tardó ocho años en construirse. La leyenda dice que San Servatio, de origen armenio, Obispo de Tongeren, murió en Maastricht en el año 384 después de Cristo y fue enterrado en una de las vías fuera del castro, y este señor dio nombre tanto al puente como a la iglesia que erigió uno de sus sucesores, el Obispo Monulph en el 570. Hoy día la Basílica de San Servatio.
De izquierda a derecha: Iglesia de San
Juan, Basílica de San Servatio y en
primer plano, la Basílica de la Estrella
del Mar.

Durante la Edad Media, Mastrique, Aquisgrán y Lieja eran el núcleo principal del Imperio Carolingio, y tras la caída del mismo se cree que cayó (por supuesto) en manos de los Francos de la dinastía Merovingia. Poco después fue capital del Ducado de la Baja Lorena durante un breve periodo de tiempo. Fue en torno al 1200 que se construyó la Iglesia protestante de San Juan, casi pared con pared con la Basílica de San Servatio, la torre roja y alta que domina la plaza de Vrijthof. En aquellos tiempos se ejercía sobre la ciudad un dominio dual, por un lado los Príncipes-Obispo de Lieja y por otro los Duques de Brabante, la primera línea de murallas defensivas se construyó entonces.
En el s. XIV se construyó otra de las iglesias de Maastricht que apunta sus afiladas torres al cielo; La románica basílica de Nuestra Señora, también conocida como Basílica de la Estrella de los Mares. Se cree que fue construida sobre un templo romano dedicado a Júpiter, cuando Maastricht era aún un simple castro.

Primer Sitio de Maastricht, 1579.
Durante la guerra de los ochenta años, Mastrique se mantuvo fiel a los rebeldes, pero los Tercios españoles del Duque de Parma, Alejandro Farnesio pusieron la ciudad bajo asedio en 1579, para tomar la ciudad. Dividiendo el ataque en dos frentes, uno a cada lado del Mosa. Las tropas españolas construían túneles bajo los muros para reventarlos. La valiente resiliencia de los defensores le costaron a don Alejandro más de una mala tarde, y el asedio se prolongó cuatro meses. Lope de Vega puso en boca de Don Alejandro lo siguiente, en su teatro Asalto a Mastrique:

... abrase el fuego los flamencos yelos
hasta que se reduzga al Rey su tierra.

Los soldados españoles, cabreados como es natural, pasaron a cuchillo la ciudad entera una vez capturada, y saquearon sin piedad hasta que el Duque en persona tuvo que poner fin a la barbarie.
La ciudad siguió en manos españolas hasta 1632, cuando Federico Enrique de Orange Nassau (Hijo de Guillermo, el que no sonreía ni para los cuadros), recuperó Mastrique tras un asedio de cuarenta días.

Segundo Sitio de Maastricht, 1672
Como recordarán vuestras mercedes, en 1672 los franceses e ingleses vinieron dando guerra, literalmente, y sometieron a asedio Mastrique, que era defendida por holandeses y españoles, capturando la ciudad con relativa facilidad (Siendo los franceses unos cuarenta mil efectivos contra las seis mil almas que defendían la plaza). Las tropas francesas fueron capitaneadas por D'Artagnan (el de verdad, no la ficción de Alejandro Dumas), capitán de los Mosqueteros, muriendo durante el asalto a los muros. La ciudad volvió a manos holandesas en 1679, gracias al tratado de Nimega.


Me comeré esa stroopwafel
a cualquier precio.

Napoleón Bonaparte, causa del
cuarto asedio a Maastricht.
Durante la Guerra de Sucesión Austriaca, las fuerzas francesas bajo el mando de Maurice de Saxe, asedió Mastrique en las últimas semanas de campaña, en 1748. Se cedió entonces la ciudad a los Países Bajos Austriacos.
En 1764, el teniente Jean Baptiste Drouin encontró en el Monte Sint Pieter  los primeros restos del Mosasaurio, una especie de cocodrilo gigantesco que vivió en el periodo Cretácico.
Y fue en 1794 cuando un señor bajito y con muchas ganas de dar por saco, decidió que era Emperador y que tenía que quedarse con Europa entera, y los Países Bajos Austríacos eran de sus primeras adquisiciones.

Tras la era napoleónica, Mastrique pasó a fomar parte del Reino Unido de los Países Bajos en 1815. Entonces otra guerra comenzó, interina esta vez. Las provincias del sur quisieron independizarse de las del norte y unirse a Bélgica, y las tropas del norte ocuparon (una vez más) la ciudad, que siguió fiel al rey. A pesar de este hecho, los oriundos de Mastrique siempre se han sentido más afines con los belgas o con los alemanes que con los neerlandeses, y eso se nota hasta hoy día.
Hans, somos unos genios destrozando
cosas. ¿Verdad que ja?
Cuando estalló la primera guerra mundial, los Países Bajos permanecieron neutrales pero Bélgica no, y muchos refugiados cruzaron la frontera para resguardarse del horror que se desató en 1914.
No hubo tanta suerte en la Segunda Guerra Mundial. En Mayo de 1940, los alemanes tomaron Maastricht en una batalla que podría considerarse como el quinto y último asedio a la ciudad del Mosa. El ataque vino del norte, en Borgharen y el oeste en Gulpen. Durante la batalla los tres puentes fueron destruidos y 50 soldados holandeses fueron muertos. La ciudad fue liberada cuatro años más tarde por las fuerzas aliadas, siendo la primera ciudad neerlandesa en librarse del yugo nazi.

Pero no todo fueron guerras y asedios. En 1992, se firmó el tratado homónimo, pilar principal de la Unión Europea, y de nuestra cada vez más devaluada moneda. Por lo demás es sin lugar a dudas la ciudad más hermosa  y alegre del país.En el que el sol brilla más a menudo de lo normal, la gente bebe cerveza como los belgas y celebran carnavales como los gaditanos y los campos verdes pueden ser recorridos en bicicleta hasta llegar a fronteras con dos países distintos. Permita Dios que sus muros aguanten mil años más.

martes, 19 de noviembre de 2013

Dos ruedas y un manillar

Nota mental: Vintage significa vendimia.
Una de las particularidades holandesas que comparto es su pasión por moverse en bicicleta a todos lados. Para un ciclista, este país es un paraíso donde los haya, con su carril bici por todos lados, sin necesidad de jugarte la vida en la carretera, con autobuseros y gente loca en coches. El único inconveniente es que el carril bici se comparte con las motos, y eso puede llegar a ser un problema dependiendo del colectivo social con que uno se encuentre.
(Casi) siempre he tenido una bici en la que apoyar el culo y moverme por ahí, y a cada una la bauticé con un nombre como si de un buque o una astronave se tratase (más bien lo segundo que lo primero).

BH California (~1989 - ~1995)

La primera bicicleta en la que hice de las mías tendría ruedines y yo tendría dientes de leche. Era una BH california roja super hortera a la cual no le puse nombre. No recuerdo mucho de ella salvo detalles puntuales y el ruidazo que hacía con los ruedines en las losetas estriadas.


El Lizard (1994 - ~1997)

Es que lo petaba. (Foto: Labeache).
La primera bicicleta que fue mi buque insignia e inseparable compañera de aventuras y correrías fue una BH ''Bicicross'' color verde que bauticé como Lizard (Quizás por el color). Tenía un asiento rarísimo, como puede apreciarse en la imagen, y en la parte trasera del mismo tenía un reflector rojo. La amortiguación en la horquilla delantera era una delicia. Tenía once ricos años por aquel entonces.


El Buitre de Acero (~1997 - 2007)

Las piernas me fueron creciendo y pronto el Lizard se quedó pequeño, y muy a mi pesar fue revendido para dar lugar a una bicicleta un poco más de adulto y del mismo color. Era una bicicleta de montaña y me duró hasta bien entrados mis años de universidad, cuando fue robada de manera miserable, por circunstancias de las cuales no quiero acordarme. Lo bauticé como el Buitre de Acero en honor (supongo yo) de la extraña aeronave homónima. No dispongo de imagen ninguna del Buitre, ni he encontrado ningún modelo similar por ahí.

La Enterprise (Enero 2006 - Agosto 2011)

Era una belleza.
La mejor que tuve hasta el momento. Una Gitane Mississippi, híbrida, es decir, medio de paseo medio deportiva. Con amortiguación en la horquilla delantera y en el sillín. Dinamo y luces incorporadas. El nombre, obviamente le vino por la nave del Capitán Kirk, de la serie conocida por la mayoría, a la cual yo me había enganchado por aquel entonces. Una nefasta tarde de agosto de 2011, fue secuestrada, al tenerla yo encadenada en la calle. Nunca más la volví a ver.





El Don Blas de Lezo ( Octubre 2008 - ~Marzo 2009)

Muy puteada.
Estuvo conmigo diez meses en Albión, y apenas llegué a usarla diez veces. Le puse el nombre por un almirante español del s. XVIII que le metió varias palizas al inglés.
Se la compré a un señor que vendía bicicletas de segunda mano, y que posteriormente averigüé que se dedicaba a robar en Derby y vender en Loughborough y viceversa.
Pasó sin pena ni gloria la pobre bicicleta. Fue coetánea con la Enterprise pero claro, en países distintos. La vendí a una compañera que la necesitaba más que yo.


El Ave de Presa (2011 - 2012)

Le pinté runas klingon en el cuadro, quedó horrible.
Fue una buena bicicleta el tiempo que duró. La compré por un precio razonable en una tienda de segunda mano de un pueblecito al sur de Maastricht que se llama Gronsveld. Era horrible, de un marrón diarreico y un poco oxidada. Tras una capa de pintura verde y negra tenía ya otras pintas. Era ligerísima, eso sí, aunque con el tiempo comenzó a mostrar fallos de diseño o de conservación, hasta que la rueda trasera fue destruida debido a lo debilitados que tenía los radios. El intento de reemplazar la rueda dañada fue fallido, ya que era una bicicleta antigua y el sistema de cambios no se adaptaba bien. Terminó de manera similar a la Enterprise, pero compadezco a aquel desgraciado que se la llevó.


El Armadillo (Enero de 2013 - Marzo de 2013)

La pintura negra mate era muy bonita. (Foto: RRuyz)
Primera bicicleta plegable que he montado en mi vida. Era una b.fold 3, oriunda del Decathlon. El nombre le vino obviamente por su geometría variable. Fue un regalo de reyes de mi familia y la verdad es que no estaba tan mal el tiempo que la tuve en España. El problema vino cuando fue expuesta al húmedo clima holandés. Las juntas se oxidaron en cuestión de días, y era cada vez más difícil plegarla y desplegarla. La cadena también se oxidó y hacía ruidos extraños, y eso que ni siquiera contaba con cambios. Al final hubo que ir a un Decathlon holandés y cambiarla por su precio original, donde descubrimos que estaba descatalogada desde hacía algún tiempo. La triste y lenta historia del Armadillo apenas duró tres meses.

El Albatros (Marzo 2013 - Presente)

No, no soy dueño de un campo de maíz. 
Con el dinero que conseguí a cambio del Armadillo, fui corriendo a una oferta en la tienda holandesa Halford's en la que vendían una bicicleta plegable easy rider de calidad claramente superior. Y así obtuve el Albatros, que es mi vehículo actual. Es posiblemente la mejor bicicleta que he tenido hasta ahora. Es sólida como una roca, sin embargo pesa doce kilogramos de nada. Tiene transportín y marchas, y Raquel me regaló una patilla de manufactura alemana que le durará siglos. El nombre no tengo claro de dónde salió, quizás por Julio Verne, quizás por su color, o quizás por los cómics de Yoko Tsuno. Espero que me dure más que todas sus predecesoras juntas, porque le he cogido muchísimo cariño.

sábado, 16 de noviembre de 2013

El invierno acechante

Y cae el Sol como el plomo, tan pronto que ni has acabado el vino de sobremesa, y lo hace a través de las nubes grises y densas como espuma en un mar embravecido. Y a la mañana siguiente hace tanto frío que se te forma hielo en las barbas al respirar, y está oscuro como medianoche. La niebla te vela el camino y las débiles luces que pretenden iluminar el mismo. La misma niebla se arrastra por las aguas de los canales como fantasmas de antiguos guerreros preparando una emboscada, mosquete al hombro y pendientes de la mecha. El hielo se forma sobre las hojas y las telarañas en las frías mañanas, cuando el Sol digna asomar su orondo perfil otra vez tras el manto blanco.
La próxima vez que escriba, posiblemente lo haga entre las nieves del invierno.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Un poco de historia

Así era de bonica. No como ahora. Estos holandeses
se lo cargan todo.
Nunca he hablado de Utrecht.
Esta ciudad fue fundada en el año 47. Bueno, lo que se dice fundada... más bien fue que un grupo de romanos construyeron una fortaleza, bajo las órdenes del entonces emperador Tiberio Claudio César Augusto Germánico, que quiso establecer una línea defensiva a lo largo del Rin. En ese mismo año, Plinio el Viejo marchaba a darse de  tortas con los Germanos.
Dicha fortaleza fue bautizada como Ultra Trajectum, y con el tiempo derivó simplemente en Traiectum, la U se la añadieron los holandeses mucho después (Uut significa "río abajo" en holandés antiguo). Albergaba una cohorte de unas quinientas almas, y con el tiempo se fueron adhiriendo sustratos de comerciantes, caldereros y artesanos en general.
El Dom, todavía entero. Un día
llegó un tornado y separó la torre
del resto de la nave. 
Con el tiempo los romanos se fueron lo que se dice dejando y los bárbaros germanos terminaron considerando el traspaso de tierras a hachazo limpio. Poco se sabe de esa época de lo que pasaba alrededor del Oudegratch, pero se cree que eventualmente pasó a manos de los Francos. También alrededor del s. VII un misionero de Northumbria que se llamaba Willibrord llegó y estableció aquellas tierras como cristianas en nombre del Papa, y autoinvistiéndose como Obispo. Se construyó entonces la primera iglesia, predecesora de la arquitectónicamente infame Catedral de Utrecht, o como la cononcen éstos, el Dom, que se completó en 1420. Ya entonces Utrecht formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico, y fue en 1528 cuando Carlos I de España y V de Alemania, su Cesárea Majestad, tomó posesión de todas estas tierras y se convirtió en Señor de las Diecisiete Provincias, construyéndose su inexpugnable castillo en mitad de la ciudad, el Vredenburg. Y ahí se empezó a formar el lío.

"Guillermo, ya sé que estás
cabreado con los españoles
y todo eso, pero ¿no podrías
sonreír un poquito para el
cuadro, por favor?'' dijo
Anthonis Mor van Dashorst.
En 1579 los holandeses dijeron algo así como ''Ya nos tienen hasta el pito con tanta tontería, vamos a echar a los españoles y nos quedamos con esta tierra, que de tanto ser invadidos se nos va a olvidar que es nuestra''. La "Unión de Utrecht" fue el germen de la República Holandesa. No hubo, sin embargo, batallas aquí durante la Guerra de los Ochenta Años. Conoció eso sí, la mala baba anglo-gabacha en 1672, cuando fue invadida en lo que los holandeses llaman "El año del desastre". En aquella época éramos ya aliados de la República Holandesa, y dimos leña a los franceses codo con codo con los Orange-Nassau.

Fue en Utrecht, en 1713 donde se firmó el tratado homónimo, por todos conocido, en el que además de poner fin a la Guerra de Sucesión Española, nos hizo perder Gibraltar y Menorca en favor del inglés. Entonces pasaron doscientos y pico años en que nadie invadió los Países Bajos y Utrecht fue creciendo en barrios, hasta claro, la II Guerra Mundial, en la cual la ciudad fue capturada (entre muchas otras) por los obstinados teutones, y liberada unos años después por los canadienses.
Tras la guerra Utrecht se expandió aún más para ser la vasta planicie industrializada que es hoy día. El centro dominado por el estilo brutalista y constantemente en obras, como es tradición entre estas gentes.

martes, 5 de noviembre de 2013

El viento

La bicicleta es el principal medio de transporte en los Países Bajos, y diría que incluso en todo el Benelux (el cual por cierto, me llevó años entender que eran las dos primeras letras de Belgique, Nederland y Luxemburgo, pero mi lentitud mental es otra historia que debe ser contada en otra ocasión). A lo que iba, la bicicleta, principal medio de transporte. Barata, ecológica, y de un burro de potencia (el burro un servidor, que pedalea). Me parece una idea maravillosa, ingeniosa y adorable. Siempre he ido en bicicleta a donde fuese menester hasta que me la robasen hace un tiempo. Y aquí la ventaja es que, como la mía es plegable, la puedo meter en el tren ''degrati''.


Eso sí, que no te haga mal tiempo.
Entendería la pasión flamenca por las bicicletas si viviesen en un país soleado y caluroso, quizás algún país mediterráneo o caribeño. Pero no. Tienen uno de los peores inviernos de Europa. Tienen un clima húmedo que oxida cadenas y tuercas por igual. Y lo peor de todo: tienen un viento de cágate lorito.

En Granada el problema del viento no es para tanto. El abrupto relieve, digo yo, frenará el aire lo suficiente como para que no se líe parda. Al menos yo nunca he tenido problemas con el viento al ir en bicicleta por la ciudad. En los países bajos es otra historia. Su total carencia del más mínimo relieve hace que estas tierras dejadas de la mano de Dios sean barridas por tremendos vendavales que hasta arrancan árboles.
Ir en bicicleta es entonces una putada gigantesca. El mismo principio que rige las velas de un balandro avanzando por la marmórea superficie de un mar agitado hace que el viento te frene en plena carrera por el rojizo carril bici. No, no estoy exagerando: con el viento en contra no hacen falta frenos, sencillamente dejar de pedalear. Dependiendo de lo fuerte que sea la racha, puede uno estar parado en menos de cinco metros.

Y eso es si estamos hablando de el viento en contra, que si es de lado ya es harina de otro costal. Me voy a ahorrar la parrafada de experiencias personales y me limitaré a colgar un vídeo que fue grabado el pasado Abril del año Dos Mil Trece de nuestro Señor.



Nótese cómo al andoba la bici le hace mutis por el foro al más puro estilo Volando Libre.
A volar, se ha dicho. Pues eso, que bien podríamos ponerles velas e iban solas.
Aquí, como pueden vuestras mercedes ver, cada día es una aventura.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Volver a casa

Muchas tardes de invierno observo el Sol cayendo por entre bermejas nubes en continuo flujo, e intento visualizar cómo se pone el mismo Sol en mi tierra. Cómo los las sombras de Sierra Elvira se extenderán por los largos campos. Cómo serán de translúcidas las turquesas olas del Mediterráneo, rompiendo cerca de Cabo Cope. La eterna y colosal estatua que es Sierra Nevada, el Monte Solorio, encallada en las costas más bellas de la Tierra.
La rugosa orografía de las provincias de Granada y Málaga
Se nos viene encima el invierno, y me da en la nariz que va a ser tan crudo como el anterior. Se le abren a uno las carnes cuando anochece a las cuatro de la tarde y se sabe que conforme pasen las semanas, será de noche a las tres. Y lo peor es que el cuerpo se le aflamenca a uno con la tontería. Es decir, los españoles desayunamos a las siete u ocho, comemos entre la Hora Sexta y la Nona y cenamos a la Hora Completa o por ahí, mientras que los holandeses (y he ido descubriendo que los belgas, los franceses y los portugueses también) comen a las doce o la una, y cenan a las seis o las siete, cual inglés. Pues bien, acaba la sobremesa, puede que incluso se meriende, y miran vuestras mercedes por la ventana y ven un crepúsculo anaranjado y la menguante luz del muriente día y se le abre el hambre de la cena y las ganas de irse a la cama prontito. Manda cojones.
Volvemos a una de esas tardes, intento entonces figurarme dónde está el norte, y el sur, e imaginar una ruta hacia el sudoeste, a través de los verdes caminos de Aveyron, una vez más, y cruzar otra vez la muralla de roca viva que son los pirineos, atravesar Castilla en su amarillenta inmensidad para por fin toparme con la Sierra y el Valle. Y volver a casa.


jueves, 31 de octubre de 2013

Los dramaturgos ya no son lo que eran

Dos años ya casi ha desde que duermo en suelo holandés y maldigo sus humedades (a pesar de que, irónicamente, escribo estas líneas a la dorada luz de un Sol burlón que aparece cuando le sale de los bolondrongos y rápidamente es cubierto por nubes que te sueltan el chaparrón del siglo). He tenido tiempo para muchas cosas, y entre ellas, he ido al cine, he visto muchas series, leído muchos libros y jugado a videojuegos. Sé que es salirse un poco de la temática de estas crónicas digitales, pero como parte de mi vida en el frente de Flandes, considero que no sobra el que haga constancia de ello aquí.
Justino de Nassau le cuenta a don Ambrosio Spínola que
no entendió el final de Blade Runner.

Me preocupaba la creatividad de los guionistas, ahora únicamente me irrita. A tenor de los últimos estrenos en cartelera huelga decir que las obras originales son muy escasas o inexistentes. Casi todo lo que ahora se estrena en el cine no es más que una adaptación de un libro de patatí, o una readaptación de una película antigua (o nueva, váyase usted a creer), o un cómic, o un juego... Y por supuesto todo lo mezclan con una descafeinada historia de amores, una dama de generosas aldabas (homenajeadas durante una vergonzosamente larga cuantía de minutos de metraje) y, no faltaba más, una suerte de explosiones, disparos y demoliciones dignas de la más solemne de las canteras.

¿Dónde cayó la originalidad? Lejísimos, tan lejos que ya se ha tornado en un insulto al público, que apoquinamos nuestra buena bolsa en un par de horas entretenidas para salir cabreados y con dolor de cabeza. ¿Y por qué? Por repetir la misma fórmula de siempre y dar un taquillazo, pues, como diría el Maestro Don Francisco:

Madre, yo al oro me humillo, 
Él es mi amante y mi amado, 

Pues de puro enamorado 

Anda continuo amarillo. 
Que pues doblón o sencillo 
Hace todo cuanto quiero, 
Poderoso caballero 
Es don Dinero.


Dimetrodones en Viaje al Centro
 de la Tierra (1969)
De toda la vida el cine ha sido una manera de entretener, de pasar un par de horas sin pensar en los problemas de uno, y lo han convertido en un negocio hasta tal punto que ya se ha perdido el mensaje. Se acabaron las obras rebosantes de originalidad, innovadoras y divertidas, que quedan en el recuerdo del espectador con cariño y nostalgia. Atrás quedaron genios de la comedia como Jack Lemmon, Peter Sellers y Blake Edwards, o iconos de las obras de aventuras, como James Mason y Charlton Heston (55 Días en Pekín, eso era cine de aventuras y lo demás son tonterías).

Enanos merendando. 
Y no hay que irse tan atrás en el tiempo para encontrar auténticas joyas nacidas de la mente de los propios cineastas, y elaboradas con filigrana para obtener un resultado prácticamente perfecto, sin pretensiones, salvo la de contar bien una historia. Lo que pasa es que los ejemplos son muy escasos. 
Y sin embargo miren vuestras mercedes la cartelera y ¿Qué ven? Crepúsculos, Superhéroes a porrillo y adaptaciones de clásicos que harían revolverse en la tumba a sus pobres autores. No incluiré en este saco la primera entrega de El Hobbit por el cariño que le tengo al Legendarium, pero es una película claramente muy inferior a las de la saga del Señor de los Anillos, y un intento desesperado y a mi juicio bastante ruin de ganar más y más fortuna.

Carnivale
Con las series ya es más leve, pero el esquema es prácticamente el mismo. Por ejemplo, la super celebérrima Juego de Tronos (D. Benioff y D. B. Weiss), adaptación de las novelas escritas por George R. R. Martin, y cuya originalidad (la de la serie con respecto a los libros) se basa, me parece a mí, en el presupuesto. The Walking Dead (Robert Kirkman y Tony Moore), Dexter (Jeff Lindsay) y True Blood (Charlaine Harris)... más de lo mismo, novelas adaptadas a la serie de manera más o menos libre. Hay otras series que sí son originales, como Fringe (JJ Abrams) o Breaking Bad (Vince Gilligan), y las aprecio por ello, porque son obras de sus autores, no adaptaciones ni remakes. Pero lo que yo considero verdaderas obras de arte, muy por encima de las series que ahora están de moda, son Carnivale (Daniel Knauf), A Dos Metros Bajo Tierra (Alan Ball) y Firefly (Joss Whedon). Originales y apasionantes, no se puede pedir más.

Dishonored
No sé qué problema hay con sencillamente inventar una historia y saber contarla. Si se sabía hacer antes, ¿Por qué ya no se hace? Es decir, he jugado videojuegos con mucho mejor argumento que la mayoría de películas y series que hay actualmente. Ejemplos como la saga Diablo, Dishonored, Saboteur o Bioshock Infinite son algunos. Juegazos entretenidos y maravillas visuales que deberían ser considerados un arte más.

En cualquier caso, no cabe duda que el sector del entretenimiento está viviendo una crisis tanto de calidad como de identidad. Es jodido pero es así. Que siga así la cosa supongo que es gracias a mendrugos que siguen yendo al cine a ver interminables sagas de películas sobre coches yendo muy rápido y cámaras con vibrador, o a tarugos como yo que el otro día se tragó Iron Man 3. No sé qué carajas esperaba.

jueves, 24 de octubre de 2013

Beek-Elsloo

Algún día tenía que pasar. Perder un tren es una de las cosas más frustrantes a las que puede enfrentarse uno en los Países Bajos, salvo quizás que te cierren todo a las cinco de la tarde, o que no puedas comprar una fregona,..  A lo que iba, perder un tren es un asco.
Un pato que no tenía billete.
Concretamente perder la conexión desde Mastrique-Traiectum, con lo cual tienes que coger el siguiente trenecito que te lleva hasta Sittard (primera parada del tramo descrito anteriormente) pasando por una suerte de pueblecitos la mar de abandonados.

Uno de ellos es Beek-Elsloo. Pero vamos a ver, ¿Qué tipo de nombre es ese? ¿Cómo se pronuncia? Hay pueblecitos pequeños en España, cierto. Por ejemplo, uno puede decir ''Oiga, yo es que resulta que soy de Moclín'', y no pasa nada. Pero si de pronto llega un andoba y va y dice ''Ik ben van Beek-Elsloo'', asumiendo que uno sepa qué diantres dice aquel flamenco (no confundir con el ave), dirá ''¿Beek-Elsloo? ¡Pero si parece el planeta natal de una raza alienígena que quiere invadir la Tierra en una película de los años cincuenta!'', y tendrán razón.


lunes, 30 de septiembre de 2013

Las Españas y el estío.

Ancha es Castilla.
Un año transcurrido ha, o puede que más, desde que escribiese aquí. Las razones por las cuales castigué con el látigo de mi indiferencia a este diario virtual que ni siente, ni padece, ni todo lo contrario son tan obscuras a vuestros ojos como a los míos, e igual de persistentes que el invierno interminable que azota Flandes durante seis de cada nueve meses. Invierno que por cierto duró hasta no sé si Marzo, que todavía caían briznas de hielo de ese cielo calvinista y abarrotado de nubes herejes. 

De compatriotas, picaresca y los hideputas.

Colonia, uno de los pocos días
del año que ve un cielo despejado.
Encontrarse un paisa en mitad de la clase es siempre bienvenido. Encontrártelo después de hablar durante un rato en inglés además da para contar la anécdota de vuelta. Total, que nos asociamos y juntamos esfuerzos a través de el nuevo archienemigo; el profesor francés muy francés que al final resultó que era Luxemburgués, el muy cretino, además, es más borde que una cornisa. Por otro lado nos apuntamos a una asignatura juntos, llamada Remote Sensing, dedicada a la observación de la Tierra desde plataformas orbitales o desde meros aviones. Expusimos un par de artículos sobre evidencias de cuencas fluviales en el planeta Marte. Un tema sin duda interesante pero de ninguna utilidad, desgraciadamente, y la cosa no fue demasiado bien.

El Albatros, la segunda
 bicicleta plegable.
Pero lo peor estaba por venir.
Una mañana entré en el edificio donde hacíamos las prácticas de la ya mencionada asginatura, la pérfida mañana del examen, con la finalidad de imprimir los informes finales, y entregarlos cuales bermejos despachos. En esto que tuve que dejar la sala durante unos minutos, y sabiendo que allí estaba uno de los profesores, me confié y abandoné mi bienamado portátil TOSHIBA, una maravilla japonesa bastante cara. 
A la vuelta, el ordenador no estaba. 
Invoqué al panteón romano por completo y pregunté al teutón docente, y contestóme el desgraciado que le había entrado cagalera y había tenido que abandonar el laboratorio durante unos minutos. El ladrón tuvo tiempo a solas con mi propiedad. Hideputa.
Muchos intentos de recuperar o de avergiuar fueron vanos. Un informático de no sé bien qué departamento fue capaz de localizar su señal dirigiéndose hacia la parada del autobús. Mi único y fútil consuelo fue que el muy idiota se encontraría un ordenador con teclado español, inútil en este país.

Del regreso a Granada, y un viaje de regreso inesperado.

Una Raquel para gobernarlos
a todos.
Regresamos a Flandes atravesando Europa entera en un viaje en el que arañamos la corteza terrestre, abriéndonos paso entre collados pirenaicos y rotondas francesas, a bordo del Mosasaurio por excelencia, el automóvil que, no importa dónde se encuentre, siempre consume más que todos los vehículos que tiene alrededor combinados. Atravesamos Luxemburgo, el cual tiene más árboles que edificios y la gasolina más barata de Europa. Entramos entonces en Francia, donde donde una noche en Mâcon nos timaron, pero no tengo ganas de amargarle la tarde a vuacé con aquella serie de desdichas, orquestadas por los franceses.
Al día siguiente visitamos Peróuges, una ciudad medieval muy bien conservada, donde nos hicimos con una botella de hidromiel, y donde vimos un mapa antiguo del país franco en el que España era denominada ''El país de los comedores de pimientos''. No, si en el fondo tendrán razón los muy malandrines.

Pareloup
Continuamos hacia el sur de Francia, acampando cerca de un lago gigante llamado Pareloup y al día siguiente paramos en la volcánica Roquefort, donde por supuesto nos agenciamos un buen queso azul con la esperanza de que aguantase el viaje. 
Atravesamos los últimos resquicios de Francia pasando por Carcasona, que no es más que un castillo más falso que un Judas de plástico. Donde se ponga la Alhambra, que les den pimientos morrones. Acampanos una noche cerca de Varilhes, donde nos cayó una tormenta de padre y muy señor mío. En este país hasta el clima tiene mala leche. Al día siguiente ya conseguimos atravesar Andorra, donde Raquel se agenció una cámara cuya calidad no igualaba a la de su fotógrafa, pero se aproximaba bastante.

Primer desayuno español.
Supo a gloria.
Continuamos hacia Zaragoza, donde nos cayó otra intemerata de diez mil pares de cojones, pero al final conseguimos llegar a Calatayud, donde hicimos nuestra primera noche española y disfrutamos de la legendaria hospitalidad aragonesa. 
Ya sólo quedaba el último trecho hacia nuestra esquinita preferida de España, pero antes pasamos por la épica Toledo. Dimos cuenta de unos buenos duelos y quebrantos toledanos y un gazpacho, regados con un buen vino tinto. Tras ello, nos dimos una vuelta por el Museo de la Santa Cruz, el cual es una maravilla en declive. Partimos finalmente en la última etapa hacia Granada, con la barriga llena y algo tristes por el fin de la odisea. Pero con ganas de casa y de Sol. Atravesamos Sierra Morena y pasamos la atalaya jiennense para al fin distinguir los suaves pero imponentes contornos de Sierra Nevada. Al fin estábamos en casa. Al fin regresamos a las tostadas de tomate y al café como Dios manda. Pardiez.

La primera aventura murciana.

En lontananza, avistamos las bermejas
torres del castillo de la Ciudad del Sol.
Uno o dos días después (perdonen vuesas mercedes mi mala memoria, pero estoy relatando cosas que pasaron hace ya mucho tiempo) partimos hacia Lorca, a asistir a una boda de un primo de Raquel. Exhaustos del viaje y asados de calor, pues estábamos acostumbrados a la dinámica polar del clima neerlandés, llegamos al castillo de Lorca, donde nos recibieron con una copa de rosado frío y una buena comida.



El azul más puro.

El destrozo ocasionado a la Ciudad de los Cien Escudos por culpa del sismo de un año antes aún se dejaban ver en iglesias, viviendas y demás, pero no en el Castillo.
Tras la boda, pusimos rumbo a Águilas y a Mojácar, donde saludamos al Mediterráneo con lágrimas en los ojos, pues espectáculo tan bello era si cabe aún más indescriptible tras nuestro encierro invernal. La espuma se rizaba por doquier a merced del viento, y el mar era más azul que el azul más puro, excepto en el tremendo rielar del Sol, que se extendía hacia el límpido horizonte. 
Tras comer en Garrucha (cómo echaba de menos el pescado en condiciones), regresamos a Águilas a hacer noche, para regresar al día siguiente a Granada.



La ascensión a Caradhras.

De izquierda a derecha; La Alcazaba,
 el Veleta, Eduardo, su gorra, Miguel,
 Melissa, Un servidor, Raquel y Ángel.
No sé cuántos dias después, el que creo que fuel día seis de Julio, ascendimos al Veleta, organizado por mi amigo don Eduardo, viejo compañero de correrías y escaramuzas, y modificado por don Miguel, embajador en Nuevo Mundo y alguien a quien no veía desde hace mucho tiempo. 
Escalar montañas después de tanto tiempo en un país donde la orografía más elevada es un bordillo fue una sensación dificil de describir. Alcanzar la cima con el cielo azul, que casi parecía un poco más cerca, distinguiendo los picos del Mulhacén y la Alcazaba, y discernir Capileira, Pampaneira y el barranco de Poqueira fueron tareas que, a pesar de parecer simples y llanas, saboreé como algo muy especial. 

La estancia estival en las Españas y la segunda aventura murciana.

Lo importante es desayunar bien.
Echábamos de menos una serie de cosas bastante concretas, como los desayunos, las tapas, el sol y un cielo azul, a los amigos y a la familia. Y se notaba. Tras vistar el valle de Lecrín y la Costa Tropical de Granada varias veces, llegamos a la conclusión de que en ningún sitio como en España.
En esto que tanto Raquel y yo nos apuntamos a sendos cursos en Águilas y en Murcia respectivamente, y resolvimos ir juntos, cursos impartidos por la Universidad Internacional del Mar. 

Agosto.

Recuerdo esto y sidra.
 En Agosto, nos hicimos a la carretera junto con Francisco y Marta para atravesar España una vez más, con destino a Bilbao, Santillana del Mar, Cabrales, León y Burgos. Comimos fabes, comimos queso y pulpo a feira, bebimos sidra y sobre todo condujimos, condujimos por carreteras tan empinadas que los valles se perdían entre nubes algodonadas. Especial mención merece Santillana del Mar. Hermosa villa medieval, donde comimos en un restaurante llamado ''El Ojáncano'', del cual no daré más detalles para no herir sensibilidades. Y a la mañana siguiente, probamos la deliciosa y legendaria quesada de Casa Quevedo.
La Reina Mora, esta vez en su palacio.
 A la vuelta de tan gastronómico periplo, revisitamos la Alhambra acompañados de Meral, y quedamos hechizados una vez más por la solidez y la persistencia de aquellos muros, y por la esquisita filigrana de sus salones. 

Los días pasaban raudos, hacia el inevitable fin del verano, y la inminente vuelta a los Países Bajos. El regreso fue asaz deprimente. Esperando quizás encontrar algún rescoldo de luz y de estío, nos internamos desde las alturas en un mar de nubes grises y en un aire frío que cortaba la piel como una hoja de acero. No obstante, el camino sigue. Desde Flandes os escribo estas nostálgicas líneas no con menos alegría por no ver el Sol. Siempre nos quedará el de Utrecht.
Santiago y cierra España.

martes, 8 de mayo de 2012

Mosasaurio

El verano se acerca inexorablemente, pero en Flandes no para de llover y cada vez hace más frío. Tras un amago de primavera en que el Astro Rey asomó por entre los musgosos techos y las nubes algodonadas, las tormentas se cernieron sobre Utrecht, y los rayos purpúreos llenaron la sempiterna penumbra y noche holandesa. Las lluvias barrieron el país, manando de las nubes, que en su acostumbrado e indiferente devenir, parecían no acabar nunca su labor. Toda esa humedad, la de la tierra, la neblina de todas las mañanas no es más que un recordatorio de que estas tierras pertenecen al Mar del Norte. Pero recapitulemos ¿Qué ha acontecido desde la última vez?
Volví a Mastrique por cuatro días y entre otras cosas asistimos a la celebración del Día de la Reina tal y como se hace en la provincia de Limburgo.

Raquel, en primer plano, tras ella mercadillazo y
muralla de Mastrique.
El Día de la Reina es uno de muchos días (así como el carnaval limburgués) en que la gente se vuelve, dicho a grosso modo, cernícalamente loca. Se visten de naranja, beben desde que amanece hasta que amanece otra vez, organizan conciertos y otros eventos culturales y mercadillos ''de pulgas'', o como ellos los llaman ''Vlooienmarkt'' o ''Rommelmarkt'', en los cuales cada familia hace limpieza de toda los trastos, broza y demás cachivaches que tiene rodando por la casa, los extienden en una lona en el suelo y los venden por un módico precio. Que uno se encuentra de todo allí es quedarse corto. Unos días después nos volvimos los dos a Utrecht, muy a nuestro pesar, pues dejábamos atrás un tiempo de escándalo y este atardecer tan horrorosamente hermoso.


Atardece en Mastrique

 Confirmo que mis clases de Geofísica Aplicada son una idea menos romántica de lo que yo había estudiado y posteriormente imaginado, pues no trata de terremotos, telesismos y la idealización del geoide, no. Es todo sismología y gravimetría aplicada a la ingeniería civil, ingeniería de minas y extracción petrolífera. No es un asunto que me solace demasiado, pero siempre es agradable dar un paseo por esos conceptos, aparte de que ahí hay muchísima física implicada, y en eso es algo en lo que yo me desenvuelvo, digamos, mejor que en la geología de por sí. El profesor, no obstante, deja mucho que desear. Sin embargo era un sustituto y al tiempo vino el verdadero profesor de la asignatura, un francés con cara de muy francés y con muy buena mano con las diapositivas y eso de explicar las cosas. Raquel vino a Utrecht a pasar unos días durante la semana y tuvimos que aguantar la insoportable e inevitable carga de la convivencia con la pareja que son mis caseros y compeñeros de piso a la vez. No es que sean mala gente, bueno sí, ella lo es, y bastante. No como él, que tantas veces me ha echado una mano cuando la necesitaba. El caso es que Raquel se puso a investigar sobre ella un poco (yo ya lo había intentado por mi lado pero sin demasiado éxito), y se ve que además de masajista, esotérica e histérica, también es una acérrima atacante de la dieta mediterránea.
La Superluna, asomando brevemente entre el edificio
horroroso que hay frente a mi ventana.
Publicó un artículo en contra del aceite de oliva y la dieta mediterránea en general y defendiendo la dieta holandesa (que ya me gustaría a mí saber qué dieta es esa), que es rica en pescado (¿Pescado? ¿En serio?) y en verduras. En fin, no más comentarios salvo que, entre el uno creyendo en la Tierra hueca y la otra con trastornos alimenticios os haréis una idea de cómo van las cosas por aquí.


Ese fin de semana volvimos a Mastrique, y allí visitamos las Minas de Sint Pietersberg, un laberíntico complejo de túneles en piedra caliza que primero fue mina, y luego refugio contra los franceses (varias veces) y contra los alemanes. Allí encontraron un fósil de Mosasaurio (una especie de cocodrilo de catorce metros que vivió en el Eoceno que da título a esta entrada por la sencilla y feliz razón de que no se me ocurría ningún otro que sonase tan aplastante y cernícalo) el cual debe su nombre al siempre caudaloso Mosa, orilla a la cual se alza la meseta caliza en la cual están las minas y que se extiende hacia Bélgica. Las minas eran impresionantes, un prodigio de grandes, pues contaban en su haber cerca de veninte mil intrincadad galerías, no vimos ni un tercio.

Finalmente, como y a modo de anuncio, la semana que viene, día dieciséis de mayo del año dos mil doce de nuestro señor, partiremos hacia las Españas por espacio de semana y media, concretamente hasta el día veintisiete del mismo mes. Será la primera vez en cuatro meses que piso patria de nuevo.

miércoles, 25 de abril de 2012

Un mes y medio después

No es Utrecht, es Nieuwpoort, pero
para el caso viene a ser lo mismo.

Tras varias encamisadas, noches en vela y estudios concienzudos de fracturas de rocas, interminables entregas de proyectos sobre el magnetismo remanente en lavas antiguas y demás detalles geológicos y extraordinarios que no llevan a ninguna parte, el periodo de exámenes tocó a su fin.
Huelga decir que han sido unos días de espanto en los que quizás me pudo el desánimo, y es que tres asignaturas a la vez es demasiado, yo lo sabía pero aún así, testarudo cual asno incansable me metí en camisa de once varas como quien no quiere la cosa. Aquello fue demasiado.
Para colmo, la bicicleta, por así decirlo, colapsó sobre su propio eje (literalmente). La rueda trasera se dobló por la mitad ante la insuficiente cantidad de radios con la que contaba la pobre, la cámara se agujereó por cinco puntos y desarmó el guardabarros trasero. Un estropicio de cojones, vamos. Bien es verdad que la pobre estaba de mírame y no me toques y que le faltaban uno o dos telediarios a lo sumo, pero fue una auténtica putada quedarse sin medio de transporte, pues no sé si he mencionado que el autobús cuesta dos con cincuenta maravedís y esto a los holandeses les parecerá maravilloso, pero a mí particularmente me parece un asalto a mano armada y un sablazo intolerable.
No obstante, esta tarde me puse manos a la obra junto con mi casero/compañero de piso y entre los dos desmontamos otra bicicleta que muy amablemente había él rescatado previamente de una horrible muerte oxidada en el Canal de las Putas (otro día hablaré de ese canal, y descubriréis lo literal que puede llegar a ser el sobrenombre que le he dado) y entre una y otra bicicleta, creamos un frankenstein que no es que ruede demasiado bien, pero al menos rueda. Y me ha costado una tarde de lluvia (a la intemperie que estábamos), un pulgar sangrante y los brazos entumecidos de lidiar con tuercas tan oxidadas que parecían soldadas al eje.

En otro orden de cosas, empecé una asignatura nueva que se llama Geofísica Aplicada, y dado que yo tenía un concepto quizás más romántico del asunto, los holandeses se han encargado de echármelo por tierra y mostrarme las aplicaciones más industriales y petrolíferas de la sismología. Es un poco deprimente pero al menos no tiene mucho misterio, vivan la ley de Snell y las dromócronas. Lo gracioso vino cuando decidí sacarme el carnet de biblioteca para poder sacar libros de la misma en caso de necesitarlos, ante mi aparente ausencia de conocimientos geológicos y petroquímicos. El caso es que el sistema es bueno e instantáneo, pero como podéis apreciar en la fotografía siguiente, parecen tener un pequeño problema con las tildes:

Pues ya lo saben vuestras mercedes, ahora mis apellidos
son D¼z Gaztelu, al menos para la gente de la biblioteca
Gutemberg (sí, para colmo se llama así, manda cojones la cosa).
También revisitamos La Haya y Delft, por cierto, pero eso sucedió antes de todo lo que he contado al principio, lo que pasa es que mes y medio da para mucho, y las cosas me vienen a la cabeza de forma desordenada en vez de como debería ser. La Haya es una delicia por su simplicidad, y observar el mar del norte a la luz de un Sol que bien podría ser el nuestro, extrañado y castellano, es uno de los espectáculos que siempre regocijan el alma un poco. Y Delft, bueno, digamos que Delft sencillamente es la ciudad más bella de Flandes, la más tranquila y distentida, de esas que le dan ganas a uno de tirarlo todo por la borda y agenciarse un techo por allí.
Que no es un culo, que es un corazón de cristal azul
cerca de la plaza del mercado de Delft.
En fin, pocas más peripecias personales que contar, el resto es todo conocido; nuestro Rey caza elefantes en Botswana mientras medio país se va al carajo, la sanidad ahora se paga quieras o no quieras, y esto no va a normalizarse hasta el año dos mil cincuenta. 

Aquí las cosas no están mucho mejor, a ver qué os pensáis, la crisis afecta a todo el mundo y Holanda no va a ser menos, llegando hasta el punto que la cúpula de gobierno se ha ido al garete y tienen que convocar elecciones anticipadas (anda mira, esto me suena).
 


Estos son el tipo de cosas que le dan ganas a uno de mandarlo todo al carajo e irse a perseguir el viento.
Pues eso, es menester de despedirse. Cierra España y Santiago.